El General Mourinho en la batalla de Múnich

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@javicanarion analiza a El General Mourinho en la batalla de Múnich

Una vez finalizado el partido entre el Real Madrid y el Bayern de Múnich me he parado a reflexionar. Por supuesto he reflexionado ya en frío, una vez concluí la etapa de blasfemias, improperios, insultos, y mentar a madres, a la propia y las ajenas, sobre todo las ajenas y portuguesas. El poso que me queda del partido es la sensación de haber desperdiciado una oportunidad única de dar un golpe en la mesa europea, confirmar que el Real Madrid ha vuelto al continente con la fuerza de un titán. El año pasado y este se llega a semifinales, sí, pero el año pasado se perdió con el Barcelona en un partido horrible en la ida en el Bernabéu, además de bronco y de muy mala imagen para los merengues. Y este año se ha llegado a semifinales pero en la Copa de Europa más plácida que se recuerda. En el primer partido frente a un rival de tronío, cuando el Bayern tras el empate era un boxeador contra las cuerdas, no se le quiso enviar a la lona. Y eso, frente a un equipo alemán, es un error fatal.

Sostengo que el deporte en general y el fútbol en particular es en cierta medida un sustituto de la guerra. Tras concluir las dos guerras mundiales, Europa se sentía vieja y exhausta, tras tres milenios de contiendas a lo largo y ancho del continente, cada país intentando dominar el continente entero, y con la traca final de la I y II Guerra Mundial. El mejor sustitutivo que encontraron entonces los ardorosos jóvenes de la época fue intentar superar al adversario en una cancha, en un estadio o sobre un ring o en un circuito. Los europeos y por ende sus aficionados competían por unos colores, por unas banderas, como en la guerra. Se crearon enemistades deportivas irreconciliables, como en las guerras. Los narradores deportivos lo comprendieron desde un primer momento, trufando las retransmisiones de comentarios castrenses y bélicos: “Ha sido una gran batalla”, “encañona a portería”, “consiguió resistir con una defensa numantina”, “se venció por la importancia de las alas (como las del ejército)”, “el jugador penetró por el flanco derecho (como en un ejército)”, “Ese disparo ha sido un obús”, “Triple, ratatata (como metralleta)”, “Y Rudi sacó su fusil (Andrés Montes, descanse en paz)”, “fusila al portero sin piedad”. Hay muchísimos más ejemplos de ello.

http://CompartirPasion.com: Animadoras Cheerleaders de los Lakers - Mourinho

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Disculpen que me salga del partido y me detenga un poco más en este concepto, pero a raíz de esto hay algo que siempre me ha parecido curioso y me gustaría compartir. Ees la diferencia entre el deporte entre los Estados Unidos y Europa. Estados Unidos es una nación moderna, casi recién estrenada comparada con los viejos dinosaurios europeos (España, Francia, Alemania, Rusia). A Estados Unidos aún le sobran ganas y músculo para comenzar y participar en guerras incluso fuera de su territorio en las que aparentemente poco o nada se les ha perdido. A consecuencia de esta actividad bélica, los jóvenes ardorosos de norteamérica sólo necesitan alistarse en el ejército para derrochar adrenalina y mediante las armas afirmar su supremacía. Es por ello que el deporte en Estados Unidos no se toma como una competición entre banderas, colores, o países. Se toma como espectáculo. Los aficionados que van a una cancha o un estadio disfrutan del deporte como espectáculo, y no como una confrontación entre ciudades o naciones. Por este motivo existe un baile de franquicias. Equipos que antes residían en Seattle se mudan a Oklahoma. Franquicias de fútbol americano que cambian la costa este por la oeste por los caprichos de un dueño millonario. Bellas y dulces animadoras, pausas impuestas por televisiones y publicidad, reyes de la industria musical cantando el himno americano, actuaciones musicales en un descanso de una final (¿?!¡). Situaciones, en definitiva, en la rancia y vieja Europa no son planteables. En Europa gusta más la solemnidad de la Copa de Europa, con el himno que evoca épicas batallas y gestas por realizar.

http://CompartirPasion.com: Mourinho - Pete Sampras ganado individuales de Wimbledon

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Es cierto que los deportistas estadounidenses son muy competitivos, como a este lado del charco. Pero no es una competitividad surgida a raíz de querer llevar a la ciudad o la patria a un título que afirma la superioridad de una ciudad o país sobre otro. Su competitividad está relacionada con ese afán de superación y de ser el mejor tan típico de los yanquis, razón por la que son el país más poderoso del mundo. Son la nación con un capitalismo más arraigado, que les ha llevado a querer destacar individualmente entre sus pares. De hecho en lo que más destacan son en las pruebas individuales: Natación con Phelps, atletismo con Michael Johnson, Carl Lewis, tenis con Sampras o Agassi. Y el baloncesto, por supuesto, pero lo inventaron ellos. Los vascos también destacan en pelota vasca, faltaría más.

Volviendo a Europa, el fútbol se ha llevado la supremacía porque creo que precisamente es lo que se asemeja más a una batalla. Hay un general (el entrenador) que dirige a un equipo en perfecta formación (la táctica, como en la guerra), con un objetivo que es un título (ganar la guerra, siendo el título una especie de llaves de la ciudad rendida).

En Múnich el general Mourinho dejó escapar una oportunidad de oro de ganar la batalla. Fue un partido extraño, con mucho respeto y temor por parte de los dos equipos. El Bayern, como suele, golpeó primero, en un fenomenal partido de Frank Ribéry. Fue mano, sí. Fue fuera de juego posicional, también. Pero si hay algo de lo que no debe quejarse el Madrid es del árbitro, el expolicía inglés que dejó sin sanción aquella patada de De Jong a Xabi Alonso en la final del Mundial. Suele pasar que un equipo alemán consiga adelantarse cuanto más controlado parecía el partido.

http://CompartirPasion.com: Mourinho - Aficionados del Bayern en la semifinal

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El Real Madrid sin embargo se encontró con un gol, en una de las escasas oportunidades que disfrutó. A la alemana, se podría decir, ya que ambos equipos jugaron un partido muy alemán, algo disculpable en el bávaro Bayern, pero incomprensible en el latino Madrid. A raíz de ese gol español, al Bayern se le vio durante algunos minutos herido, confuso, aterrado, titubeante. Era el momento de matar a esa bestia negra (gran pancarta de La Bestia Negra en castellano en el Allianz. Me caen bien estos alemanes). De rematar al enemigo herido. El abecé del fútbol, que por lo visto no debe conocer el General Mourinho, dice que jamás hay que dar por muerto a un alemán. Siempre se levantan. Sólo puedes darle por muerto después de verle sin respirar y clavarle varias estacas de plata untadas en ajo en el corazón. Y aún después de ello, mejor no darle la espalda. El Real Madrid no sólo no fue a la tienda de ultramarinos a por una ristra de ajos, es decir, hacer los cambios antes con Higuaín y Marcelo y echar el equipo al ataque, sino que se apartó del enemigo y esperó incomprensiblemente a que se levantara. La leyenda de los equipos alemanes, unido a la soberbia y el orgullo bávaro, y ayudados por un lateral portugués de 5.000 millones de pesetas (¿¿¡!??), hicieron el resto. Un Bayern sin resuello, herido, sin esperanza, volvió a tumbar al Real Madrid en Baviera. Con merecimiento.

El Real Madrid aún debe agradecer que ese empuje alemán no se tradujera en algún gol más, y que la eliminatoria está viva para la vuelta en el Bernabéu. Y hay que tener en cuenta algo también. Puede que los alemanes siempre se levanten, ya lo han demostrado. Pero si hay algo por lo que se nos ha reconocido durante siglos en los campos de batalla es porque los Tercios de infantería españoles jamás, nunca, se rinden. Veremos, pues, quién gana esta batalla entre las ciudades de Múnich y Madrid, y si el Real Madrid, pese a su pusilánime y torpe General Mourinho, es capaz de ganar la guerra de la Liga de Campeones proclamando su supremacía de nuevo en la vieja y exhausta Europa.

Un abrazo a ellos, un beso a ellas, y nos vemos aquí o en los bares, o en twitter @javicanarion

@JaviCanarion

Me llamo Francisco Javier, o Javi, o Pichi, o Canarión, y vine a nacer entre los lejanos pero audibles gritos de recios alemanes e histéricos italianos mientras se jugaba la final del Mundial de España ’82, muy cerquita del Bernabéu. Por tanto, tuve el privilegio que me acompañará de por vida, el poder decir que el equipo de mis amores, España, me regalase otro 11 de julio por mi 28º aniversario la Copa del Mundo desde Johannesburgo. Los diamantes y los Mundiales, son para toda la vida. Por lo demás soy de querencia merengue, y no me gusta el dulce, pero con el corazón bombeando sangre azul y amarilla de mi equipillo representativo de las Islas Canarias, la Unión Deportiva Las Palmas. Siendo de letras estudié Ciencias, y sintiéndome grancanario aún trabajo en Madrid. Me gustan los deportes, verlos, practicarlos, y ahora, escribir sobre ellos. Me encanta el fútbol, y adoro la noche. Y estoy realmente ilusionado con este proyecto en el que me he embarcado, lo juro, sin pistolas en la cabeza ni monos apuntándome con ballestas. Sólo espero que os guste la página, os gusten los artículos, y perdonéis mi limitada capacidad para escribir. Abrazos a ellos, besos a ellas, y nos vemos por aquí o por los garitos.

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