La fábula de la tristeza, la crisis y el egoísmo

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@javicanarion escribe una fábula con moraleja abierta sobre la noticia de la tristeza injustificada de un jugador famoso, que llega al egoísmo en la situación actual

Suena el despertador en un minúsculo departamento de uno de los populares riscos de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Fayna Marrero Santanta se despereza, frotándose los ojos y bostezando a la vez. A su lado, la pequeña rubia Yurena duerme plácidamente. Fayna le da un dulce beso en la mejilla y se levanta de la cama. Son las 5 y cuarto de la mañana del 5 de septiembre de 2012. Intentando no hacer ruido para despertar a su madre, que duerme en la cama contigua en la misma habitación, se queda mirándola con ternura, de pie junto a su cama. Siempre ha sido una mujer luchadora. Su pequeña mercería en la calle Perdomo junto con el trabajo de mecánico de su marido les permitieron alimentar las bocas de sus cinco hijos, de los que Fayna es la menor de ellos. Sus padres trabajaron día a día, de lunes a sábado, de sol a sol, sin vacaciones ni puentes ni festivos. Fayna adora a su madre, igual que adoraba a su padre Manuel, antes de que muriera de una larga enfermedad. Los costes de la misma llevaron a su madre a vender su modesta vivienda en un barrio periférico para trasladarse a aquella minúscula casa en el risco, barrio de casas multicolores esculpido en la ladera de los barrancos de Las Palmas de G.C.

Fábula: Risco en Las Palmas de Gran Canaria

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Tras pensar que nunca les dijo las suficientes veces a sus padres lo que les quería, y concluyendo que aquella noche le llevaría algún dulce o pan de huevo a su madre, Fayna sale de su ensimismamiento y se ducha en el diminuto baño anejo al dormitorio. Cepillándose su larga melena y mirándose al espejo, palpándose las prematuras arrugas que surcan sus bellísimos ojos verdes piensa en su marido Santiago, en cómo le echa de menos. Sonríe al darse cuenta de cuánto le ama. Son las seis de la mañana, y en la Península ya serán las siete. Él ya estará despierto. Le envía un mensaje a su móvil. “Santi, cariño, ¿qtal con tu primo n Valencia? La niña y yo te examos muxo de -. Hoy vas a tener suerte, vas a encontrar trabajo y podremos volver a juntarnos. Me subo a Teror. TQM mi niño”.

Vuelve a sonreir, mirándose al espejo, y decide que ya se ha dedicado demasiado tiempo. Casi corriendo, desayuna un vaso de leche tibia con gofio, echa un último vistazo a su madre y a su hija, tres generaciones en 25 metros cuadrados, y baja apresurada por las empinadas cuestas de piedras del risco. Llega a la estación de guaguas justo para coger la que le conducirá a Teror, el pueblo donde esta misma semana se celebran las fiestas marianas en honor a la Virgen del Pino. Una hermana de su madre, precisamente llamada María del Pino, ya mayor para el trajín de las fiestas, le da 200 euros por estar toda la semana en su pequeño puesto de turrones y bocadillos típicos de chorizo de Teror allí en el pueblo. Es una semana donde romeros y peregrinos se confunden con turistas, jóvenes buscando diversión, devotos y eclesiásticos venidos de todas las islas. El pueblo está en el punto de ebullición y desde el momento que abre Fayna no da abasto.

- ¿Mira mi niña, me dejas dos paquetes de turrón?
- Por favor, una bolsa papas.
- Te cojo unos chicles de menta, te lo dejo aquí.
- Un bocadillo de choriso de Teró y un Clipper de fresa por favor guapa

Fábula: Basílica de Teror

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Son las 12 del mediodía y con la Misa Mayor en honor a la Virgen parece que al fin hay un pequeño respiro. Fayna lleva 4 horas repartiendo bocadillos, refrescos, golosinas y sonrisas sin desfallecer. Más tranquila, mira a lo lejos la basílica y se permite fumar un cigarro cerrando los ojos. Sabiendo que es feliz, que esa semana podrá comprarle con el dinero los libros de texto a su hija, que su marido está lejos pero buscando algo para trabajar, que su madre la ha acogido al saber que ni ella ni Santi tenían trabajo ni paro ya. Sabiendo que hay vidas mejores, lo ve en televisión, pero sintiéndose aún afortunada, siempre con una de sus extraordinarias, radiantes sonrisas a punto para cualquier persona que hable con ella.

A la misma hora, la una de la tarde de Madrid, Joao Gonçalves, afamado futbolista de la ciudad de Bélem, junto a Lisboa, se frota los ojos. Tiene la cabeza ligeramente embotada por culpa del vino espumoso que tomó ayer hasta altas horas de la noche en la inauguración de su propia discoteca en Madrid, negocio que ha montado junto a dos compañeros de equipo brasileños. Siempre le pasa lo mismo, piensa. Cada vez que abren un local al día siguiente se despierta con la boca seca y un molesto dolor de cabeza. Es el cuarto que abre, tras los de Faro, Ibiza y Marbella. A tientas, busca en la mesilla algún medicamento que le alivie. Su reloj Pierre Cardin se cae al suelo por un fortuito manotazo pero no llega a chocar contra el suelo pues aterriza en las finas sábanas de seda importada de su gigantesca cama. Pese a ello, el ruido al removerse hace que su acompañante, una escultural modelo de lencería húngara llamada Eszter, se despierte.

- “Szia Joao szerelmem, ¿qué pasa? ¿va todo bien?”

Mansión del ficticio Joao

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Joao le dice que sí, que todo va bien. La contempla cuando se queda dormida. Es su cuarta relación seria de su vida. Una presentadora, otra modelo, y una acaudalada hija de un empresario argentino le acompañaron en esa misma cama años antes. Por no hablar de las innumerables mujeres que se han despertado entre esas sábanas. No siempre sólo una por noche, recuerda con media sonrisa pícara. Al fin, maldiciendo su suerte encuentra su aspirina. Se la lleva a la cocina, donde su asistenta Ivana, al escucharle despierto, ya le ha preparado un zumo de naranjas valencianas recién exprimido con algo de maracuyá y un pizco de azúcar. Le ha hecho unas rebanadas de pan payés, el favorito de Joao, frotado con tomate y con un chorro de aceite de oliva virgen. En un plato, hastiado, ve cómo Ivana ha dispuesto en forma de abanico, como a él le gusta, un surtido de los mejores ibéricos de Extremadura para acompañar el pan, así como unas lonchas de salmón ahumado noruego, el mejor café de Colombia humeando, y una debilidad de Joao, mozzarella de buffala que cada semana encarga traer desde la tienda de quesos más cara de Nápoles.

“Me alegra no tener que ir a entrenar hoy”, piensa. Hace tres  días jugaron un importante partido donde marcó tres goles y el míster como recompensa le ha dado tres días libres para sus compromisos publicitarios, que junto a su salario en un gran club español le reportan unos ingresos de unos 30 millones de euros al año. Se queda pensando en la cifra. Treinta millones al año. Seis mil millones de escudos portugueses al año. El caso es que con la hipoteca del apartamento de Miami, el de Acapulco, las joyas que pide Eszter, el barco amarrado en Puerto Banús, su mansión de Madrid y el palacete que acaba de adquirir en Bélem, no se queda en tanto. Hay muchos gastos, siempre los hay.

Se olvida de ello de momento. Termina de desayunar y sube a reposar con Eszter. Cuando por fin se levantan de la cama, ambos con una sonrisa que les delata, se relajan dando un paseo a caballo por la finca y a media tarde disfrutan de su jacuzzi climatizado exterior. Ivana ha dejado la prensa en la mesa, así que con aire distraido, mientras degusta unas cerezas que le acerca con picardía una desnuda Eszter, la hojea. Con el ceño fruncido comprueba los últimos movimientos del mercado, antes de su cierre. Un futbolista africano que supera la treintena, cobrando más que él en un club ruso. Otro argentino, que no sabe por qué le quita todos los premios, cobrando más que él en el equipo rival. Un sueco desgarbado cobrando más que él en la ciudad de la Luz. Su propio compañero de equipo suramericano, que no ha jugado casi en los últimos años, cobrando igual que él.

Algo dentro de él se remueve. vuelve a pensar en las hipotecas y en los barcos que tiene, y en los diez millones que cobra de su equipo. “Miserables”, piensa. “¡Ratas, ruines! He marcado más goles que partidos que llevo jugando y así me lo pagan… Si soy el mejor, debería cobrar más que nadie. Qué suerte de equipos con jeques y magnates del petróleo…” Su indignación aumenta, y ni las sugerentes caricias de Eszter consiguen aplacar su creciente ira. Con un bramido llama a la solícita Ivana. “¡Quiero que el chófer tenga preparado mi coche en 30 minutos!”

Fábula: Ferrari amarillo del ficticio Joao

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Con un odio que no remite, se viste con un elegante traje que Armani le ha hecho a medida, se calza sus zapatos italianos, se ajusta sus gafas de sol de 9.000 euros y se sube en su flamante Ferrari recién salido de fábrica. Mientras conduce hasta las oficinas de su club, se jacta de no llevar el espectacular Audi R8 que le ha regalado la marca que patrocina a su equipo. Así aprenderán a ver que no es feliz, que no siente el cariño del club. Tras aparcar casi derrapando, sube a la planta noble del estadio con más historia del fútbol mundial. Le recibe el presidente Florencio Gómez, que en ese momento degustaba un café vespertino. Son las 7 de la tarde. Joao se sienta y después de un gesto del presidente, que se acerca el café a los labios, Joao lo suelta. “No soy feliz en el club, presidente”. Florencio abre los ojos como platos y sufre un ligero sobresalto, lo suficiente para derramar unas gotas del sabroso café en los puños de su camisa favorita, junto a sus gemelos de oro. Reprimiendo una blasfemia – nunca ha sido un hombre de blasfemias- coloca cuidadosamente el café sobre el platito, Se ajusta las gafas de fina montura dorada, junta las manos entrelazando los dedos, con los codos sobre la mesa de madera noble, y responde moderando en lo posible su irritación: “Cuéntame, Joao, qué te pasa”.

Joao comienza a desahogarse. Sus compañeros parece que no son conscientes de lo bueno que es, de lo que ha hecho por el club los últimos tres años. Ni siquiera piden claramente los trofeos individuales más prestigiosos para él. Siente que en el club algunos empleados le miran con desprecio, con inquina, con envidia. No se siente valorado económicamente. La grada no le perdona una. Le aplauden, sí, pero es lo normal puesto que es el mejor jugador del equipo, de la historia del club incluso. Nadie ha sido tan efectivo cara a puerta. La prensa de la ciudad le pinta como un hombre vanidoso, fanfarrón, chulo, y egoísta, y él no entiende los motivos. Está harto y no puede seguir así.

La conversación termina. Tras cenar algo en el restaurante del club pone rumbo a su chalet de las afueras, más desahogado, pero aún con un poso de ira que no se le va de la cabeza, convencido que tiene razón en sus reclamaciones. Son las 10 de la noche. A la misma hora, a las 9 en Gran Canaria, Fayna echa el cierre al negocio de su tía, recoge el dinero prometido y corriendo coge la última guagua para Las Palmas. De pie junto a romeros y peregrinos, aprovechando el viaje llama a su marido. Santiago ese día tampoco ha tenido suerte. En Valencia no hay nada y piensa en probar suerte en Madrid, donde tiene un viejo amigo del supermercado donde trabajaba. Fayna llega a la ciudad y sube presurosa las empinadas calles de los riscos hasta llegar a su apartamento. Con suerte, aún Yurena estará despierta y podrá darle un beso de buenas noches. Entra en el apartamento y ve cómo su madre está arropando a su querida hijita. Con dulzura, le lee un cuento hasta que se queda dormida. Después comparte una frugal cena con su madre mientras escuchan la radio. En los deportes cuentan que al día siguiente en la capital juega el equipo de Joao frente a un corajudo conjunto andaluz.

Fábula: Risco en Las Palmas de Gran Canaria al anochecer

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Al día siguiente, a la misma hora, Fayna llega a la minúscula casa de su madre. Ha sido su último día en Teror, las fiestas se han terminado y madre e hija se sientan tras acostar a la pequeña a escuchar la radio mientras cenan algo. Fayna sabe que al ser su último día se quedarán de nuevo sin ingresos, sólo con la irrisoria pensión de viuda de su madre. Mientras despachan una ropa vieja la en la radio se escucha la clásica tertulia deportiva tras una apasionante jornada de Liga. Un periodista relata cómo Joao Gonçálves no ha celebrado sus dos goles esa misma tarde. Otro adelanta en primicia que no es feliz en el equipo, que por esa causa no los ha celebrado con la afición. Se reunió con el club para trasladarles su malestar. Otro más apunta que es comprensible su enfado, puesto que hay futbolistas que siendo peores cobran más de los 10 millones anuales que cobra él.

Fayna se levanta, apaga la radio, besa a su madre, le dice cuánto la quiere, camina al dormitorio y se acuesta abrazando a su hija. Se queda dormida mientras piensa en la tristeza de Joao teniéndolo todo, en su felicidad no teniendo nada, y en la naturaleza egoísta del ser humano. Cuando su madre se acuesta, la mira. Fayna duerme con una sonrisa en la cara.

Nota del Autor: Los personajes de la historia de Gran Canaria son todos ficticios, es una invención del autor, basada en hechos plausibles de muchas familias en la situación actual de crisis en España. Los personajes de la historia de Madrid son nombres ficticios, basados en una historia real con conversaciones datos añadidos que son pura ficción.

Un abrazo a ellos, un beso a ellas, y nos vemos aquí o en los bares, o en twitter @javicanarion

@JaviCanarion

Me llamo Francisco Javier, o Javi, o Pichi, o Canarión, y vine a nacer entre los lejanos pero audibles gritos de recios alemanes e histéricos italianos mientras se jugaba la final del Mundial de España ’82, muy cerquita del Bernabéu. Por tanto, tuve el privilegio que me acompañará de por vida, el poder decir que el equipo de mis amores, España, me regalase otro 11 de julio por mi 28º aniversario la Copa del Mundo desde Johannesburgo. Los diamantes y los Mundiales, son para toda la vida. Por lo demás soy de querencia merengue, y no me gusta el dulce, pero con el corazón bombeando sangre azul y amarilla de mi equipillo representativo de las Islas Canarias, la Unión Deportiva Las Palmas. Siendo de letras estudié Ciencias, y sintiéndome grancanario aún trabajo en Madrid. Me gustan los deportes, verlos, practicarlos, y ahora, escribir sobre ellos. Me encanta el fútbol, y adoro la noche. Y estoy realmente ilusionado con este proyecto en el que me he embarcado, lo juro, sin pistolas en la cabeza ni monos apuntándome con ballestas. Sólo espero que os guste la página, os gusten los artículos, y perdonéis mi limitada capacidad para escribir. Abrazos a ellos, besos a ellas, y nos vemos por aquí o por los garitos.

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2 Responses to La fábula de la tristeza, la crisis y el egoísmo

  1. OyeBrodel dice:

    En resumen: No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.

  2. J dice:

    Lo q le mosquea es q se siente sólo en los grandes premios. Con la máquina de marketing del R.Madrid, la podían explotar mucho más fuera de España…

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