José Mourinho llora como Boabdil en Granada por el Real Madrid

CompartirPasion: Mourinho llora en Granada

@javicanarion compara a Mourinho con un Boabdil del siglo XXI

Tras siete siglos de ocupación árabe, los Reyes Católicos decidieron expulsar de una vez por todas a la dinastía nazarí del último reino por reconquistar, Granada. Los siglos anteriores este reino había sobrevivido destinando una importante suma de riquezas a las arcas cristianas, lo que aseguraba su supervivencia. Las feraces huertas granadinas, y el fértil suelo donde se asentaba, unido a unos desorbitados impuestos al pueblo llano aseguraban año tras año suficientes rentas para satisfacer los pagos que desde la yerma Castilla se reclamaban. El equilibrió quebró a causa del pertinaz anhelo de Isabel y Fernando por reunir de nuevo toda la España visigoda. El vigor con el que se acometió esta empresa queda demostrado con el salto a la titularidad de la joven perla Gonzalo Fernández de Córdoba, cuyas actuaciones estelares le supusieron los galones de “El Gran Capitán” en las posteriores contiendas en Europa.

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Las hostilidades comenzaron en la década de 1480. Para hacernos una idea de la crudeza que adquirió el conflicto, basta referir el intercambio de lindezas entre el sultán de Granada Muley Hacen, y el rey Católico Fernando de Aragón. Duras declaraciones que reproducimos a continuación:
– Muley: “En Granada ya no se acuñan doblas de oro para pagar a los cristianos, se forjan alfanjes para cortar sus cabezas
– Fernando: “Yo arrancaré, uno a uno, los granos de esa Granada“.

Acojonante. Eso eran chulerías y bravatas y no las de Mourinho. Continuando con este relato, la Historia cuenta que los cristianos avanzaron poco a poco cercando la capital nazarí. De hecho, establecieron su campamento militar a las afueras de la ciudad. A escasos ocho kilómetros al oeste del actual barrio de tapas de La Chana, a once de la avenida que lleva el nombre de los dos monarcas Católicos, y de la catedral donde descansan enternamente sus regios restos.El campamento evolucionó hasta una ciudad nueva que hoy en día se conoce como Santa Fe.

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En noviembre de 1481 el último emir de Granada, Muhamed Abdul Abdallah, alias Boabdil El Chico, lo debió ver bien jodido, puesto que capituló y decidió negociar unas condiciones de rendición favorables a sus ciudadanos. El dos de enero de 1492, el año más importante de nuestra historia, Boabdil entregó las llaves de la ciudad y el seis de enero, día de Reyes, Granada al fin se reconquistó uniéndose a la Corona de Castilla. Cuenta la leyenda que Boabdil, camino de su exilio a las Alpujarras, y posteriormente a Fez, sólo volvió la cabeza hacia la ciudad en un monte conocido actualmente como “El Suspiro del Moro”. Desde allí, contemplando la riqueza que abandonaba en manos cristianas, juntó las suyas frente a su rostro y lloró desconsoladente. Su madre, llamada Aixa o Fátima según las fuentes, y que debió ser una mujer de armas tomar, apartó las manos del rostro de su hijo y con rudeza y un tono de reproche que sólo las madres saben poner, le espetó a bocajarro la famosísima frase: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Volviendo a la actualidad, al siglo que nos ocupa, y en concreto al partido de Los Cármenes del pasado sábado dos de febrero, brillantemente analizado por @LeivaJimenez. José Mourinho apareció en rueda de prensa como un Boabdil del siglo XXI, llorando como una Magdalena por el partido recién jugado y que no supo vencer. Lloraba por el desempeño de sus jugadores, de los que él en su infinita sabiduría alineó frente al equipo nazarí. Otras veces ha llorado por las instituciones europeas y mundiales. Otras por el público que le paga con sus abonos y sus entradas en el Bernabéu. También ha llorado por los horarios de la LFP, por las actuaciones de equipos ajenos frente al Barcelona y frente al propio Real Madrid. Recuerdo sus lágrimas cuando la directiva o el presidente (que no lo olviden, es su jefe) le contradecían. Y cómo no, ha llorado mares por las actuaciones arbitrales. El banquillo del Bernabéu, o la silla que ocupa en las ruedas de prensa, debería llamarse “El Suspiro de Mourinho”, a imagen del “Suspiro del Moro” granadino.

Quizá no haya tenido nadie de su entorno con la firmeza de Aixa, o Fátima, tanto da. Alguien que simbólicamente le haya cogido de las solapas y le haya propinado un sonoro soplamocos, de esos que provocan una reacción instantánea, para que el llorón dejara de lagrimar y bajase a la tierra a proponer soluciones eficaces y no a lamentar lo perdido por no haberlo defendido como un hombre, o planteado como un buen entrenador. Es a Florentino Pérez al que le correspondería la labor de Aixa, o Fátima. La de madre inflexible y educadora con el hijo ególatra y a la vez pusilánime.

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Ni siquiera Mourinho ha hecho un alarde de bizarría entregando las llaves de la ciudad como Boabdil, que sabiéndose derrotado y superado por los acontecimientos, entregó las de su amada Granada. No ha dimitido, en lo que supondría un gesto gallardo y atrevido, una verdadera postura valiente y no los falsos gestos de hombría que dedica a los vocingleros y pancarteros que le apoyan contra viento y marea. Ni siquiera será capaz de eso. Se sabe superado por la situación, ha comprobado que el Real Madrid es demasiado club para él, quizá lo único en el mundo del fútbol mayor que su propio ego. Los futbolistas, una plantilla excelente (y carísima) que no está rindiendo a la altura de su caché, por otro lado, no le soporta. Mourinho se mueve como pez en el agua en el caos, en el ruido, en la vorágine. Extramotiva a sus futbolistas para exprimirlos y conseguir el mayor rendimiento posible a corto plazo, sin importarle lo más mínimo las consecuencias a medio y largo plazo. El resultado es una plantilla hastiada de sus métodos, exhausta ante tanta polémica. Nadie es capaz de desempeñar en su vida cualquier actividad durante un largo período de tiempo bajo una presión tan asfixiante. Piensen en cualquier actividad: Un puesto de trabajo, hacer el amor, mantener limpia una casa, terminar siempre un plato de comida. Es inviable alcanzar un rendimiento óptimo si durante años se ha sufrido a un jefe abrumador, una pareja atosigante, un compañero de piso paranoico o una madre asfixiante. Es del todo imposible.

CompartirPasion: Real Madrid club señorCompartirPasion: Real Madrid club señor

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Por supuesto que es posible que el Real Madrid gane la Copa del Rey, y la de Europa. El Manchester es un rival inferior a los merengues, y el partido del Nou Camp y la final de Copa es del tipo de partidos en los que la motivación se lleva de serie. Estos dos títulos no justificarían, sin embargo, los tres años de ruido que ha sufrido el Real Madrid y su coherente aficionado, nostálgico de los viejos tiempos en los que el equipo era un remanso de paz y, ¡oh cielos! ganaba títulos año tras año. Ese equipo que era la envidia y el temor de todo seguidor azulgrana, aunque no lo reconociera. Tres años después de la llegada del “Tipo Especial”, el statu quo ha variado completamente. Es ahora el Barcelona un remanso de paz, y un ejemplo de seny, y el Real Madrid una turbulencia crónica, histérica. Una envidia permanente del equipo de la Ciudad Condal. Con el agravante de saber que en otro tiempo no tan lejano, el Real Madrid era Isabel y Fernando, y el Barcelona, el llorón de Boabdil.

Romance del Rey Chico que perdió Granada, descubierto en la Universidad de Cracovia (Polonia), en el siglo XX

El año de cuatrocientos- que noventa y dos corría,
el rey Chico de Granada – perdió el reino que tenía,
Salióse de la ciudad – un lunes a mediodía,
cercado de caballeros – la flor de la morería.
Su madre lleva consigo – que la tiene compañía.
Por ese Genil abajo – que el rey Chico se salía,
los estribos se han mojado – que eran de gran valía.
Por mostrar más su dolor – que en el corazón tenía,
y aquesa áspera Alpujarra – era su jornada y vía;
desde una cuesta muy alta – Granada se parecía;
volvió a mirar a Granada, – desta manera decía:
“¡Oh Granada la famosa, – mi consuleo y alegría!
¡oh mi alto Albaicín – y mi rica Alcaicería!,
¡oh mi Alhambra y Akijares – y mezquita de valía!,
¡mis baños, huertas y ríos, – donde holgar me solía!;
¿quién os ha de mí apartado – que jamás yo os vería?
Ahora de estoy mirando – desde lejos, ciudad mía;
más presto no te veré, – pues ya de ti me partía.
¡Oh rueda de la fortuna, – loco es quien en ti fía,
que ayer era rey famoso – y hoy no tengo cosa mía!”
Siempre el triste corazón – lloraba su cobardía,
y estas palabras diciendo – de desmayo se caía.
Iba su madre delante – con otra caballería;
viendo la gente parada, – la reina se detenía,
y la causa preguntaba – porque ella no lo sabía.
Respondióle un moro viejo – con honesta cortesía:
“Tu hijo mira Granada – y la pena le afligía”.
Respondido había la madre, – desta manera decía:
“Bien es que como mujer – llore con grande agonía
el que como caballero – su estado no defendía”.
Un abrazo a ellos, un beso a ellas, y nos vemos aquí o en los bares, o en twitter @javicanarion y/o @CompartirPasion

@JaviCanarion

Me llamo Francisco Javier, o Javi, o Pichi, o Canarión, y vine a nacer entre los lejanos pero audibles gritos de recios alemanes e histéricos italianos mientras se jugaba la final del Mundial de España ’82, muy cerquita del Bernabéu. Por tanto, tuve el privilegio que me acompañará de por vida, el poder decir que el equipo de mis amores, España, me regalase otro 11 de julio por mi 28º aniversario la Copa del Mundo desde Johannesburgo. Los diamantes y los Mundiales, son para toda la vida. Por lo demás soy de querencia merengue, y no me gusta el dulce, pero con el corazón bombeando sangre azul y amarilla de mi equipillo representativo de las Islas Canarias, la Unión Deportiva Las Palmas. Siendo de letras estudié Ciencias, y sintiéndome grancanario aún trabajo en Madrid. Me gustan los deportes, verlos, practicarlos, y ahora, escribir sobre ellos. Me encanta el fútbol, y adoro la noche. Y estoy realmente ilusionado con este proyecto en el que me he embarcado, lo juro, sin pistolas en la cabeza ni monos apuntándome con ballestas. Sólo espero que os guste la página, os gusten los artículos, y perdonéis mi limitada capacidad para escribir. Abrazos a ellos, besos a ellas, y nos vemos por aquí o por los garitos.

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